HUMANICEMOS LA TECNOLOGÍA ...

January 11, 2020

... ANTES DE QUE SEA TARDE.

 

Ya no podemos decidir si queremos tecnología o no, pues definitivamente la TECNOLOGÍA en mayúsculas está aquí, como una más entre nosotros, hemos ido dejando que se instale en todos los ámbitos con el objetivo de hacer nuestra vida más cómoda, y realmente lo consigue, pero ¿alguien controla ESTO?

 

 

Para nuestros niños, la edad legal en España para abrir un perfil en una red social (Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram, …) o una cuenta de correo electrónico (Gmail, …) está en los 14 años (13 con consentimiento de los tutores legales). Sabemos que esta edad corresponde comúnmente a alumnos que cursan tercero de la ESO, pero una buena parte de nuestros menores disponen de un teléfono móvil mucho antes, con la excusa de la seguridad por si van solos por la calle, por si se dan emergencias, y la clásica de que “todos tienen”, no vayan a ser los últimos del grupo y se frustren. Pues bien, en todos los Smartphone estas aplicaciones o bien vienen instaladas por defecto o bien se instalan sin dificultad, pues ya sabemos que si una fecha de nacimiento nos da problemas durante la instalación o el registro, pues ponemos otra 5 años anterior y asunto solucionado, ya tenemos la cuenta creada, y ahora ¿quién les acompaña o les proporciona las instrucciones y las reglas morales necesarias para moverse en un mundo de relaciones virtuales?; no estamos con ellos y no las tienen, empiezan a usar las apps y aprenden sobre la marcha, inmersos solos en un espacio sin límites en el que pueden tener contacto con las personalidades más problemáticas que nos podamos imaginar, aprendiendo de estos, compartiendo tiempo y experiencias con estos, virtualmente asomados a un abismo, y no estaremos cerca para advertirles del peligro como hemos hecho siempre en el mundo real. Si las reglas éticas y el buen ejemplo no los ponemos las familias, dejaremos que nuestros hijos asuman como válidas y esenciales la estructura, dinámica, narrativa y sistemas de recompensas inmediatas de los juegos a los que se conectan, y como propias las dinámicas de relación que otros deciden en aplicaciones y en redes sociales.

 

 

Al comprar un teléfono inteligente para nuestros hijos, tendremos en la comparativa nuestra primera disyuntiva, pues no nos bastará con comprar uno cualquiera, ojo con comprar una marca no puntera o una gama media-baja, no se vayan a hundir socialmente, así que hagamos un esfuerzo más y tiremos la casa por la ventana comprando el último modelo y de la mejor marca, pues no querremos ser responsables de que nuestros hijos caigan, los pobres, a la cola de la popularidad. Esfuerzo realizado, entregamos el móvil al menor, le decimos que lo cuide bien porque es muy caro y ¿misión cumplida?

 

Analizando su uso en los hogares, me pregunto cuántas señales Wifi caseras están configuradas para que bloqueen automáticamente los contenidos inadecuados (sexo, violencia,…), en cuántos hogares los niños tienen activado un programa de control parental sobre los contenidos a los que acceden en sus dispositivos, programados adecuadamente para que no puedan acceder a la red en modo anónimo, que no puedan borrar el historial de navegación; cuántos padres y madres revisan como tutores (y responsables legales) los contenidos a los que acceden sus hijos, o tienen acceso y supervisan las conversaciones en las que participan en los grupos de WhatsApp o similares, investigando además quienes son sus amigos. Dado el enorme auge de los juegos online, y conociendo el daño que hacen todas las adicciones, deberíamos saber y controlar cuántas horas diarias dedican nuestros hijos a estar conectados, más todo el tiempo invertido en hablar o textear sobre las experiencias vividas en estos pasatiempos, en un mundo virtual que genera unas expectativas quizás muy superiores a las mejores experiencias que van a poder vivir y con las que será difícil competir desde el mundo real. Finalmente, debemos afrontar también un campo espeluznante, la pornografía, pues el acceso explícito a cualquier tipo de depravación, abuso, violación,… en un móvil no protegido es libre, sencillo y gratuito, de modo que imaginemos el trabajo destructivo que puede hacer en el cerebro de un niño o de una niña de 12 años o menos la visualización de pornografía dura, qué distorsión le supondrá sobre las relaciones humanas y sexuales, y cuántas horas de terapia serán necesarias para minimizar el daño producido. La solución inicial básica es tan simple como instalar una aplicación de control parental gratuita que permita monitorizar el móvil del menor, crearle una cuenta vinculada a la del adulto-tutor, no entregar el móvil a un hijo sino cedérselo temporalmente y sujeto a condiciones, manteniendo siempre la propiedad, explicando que el progenitor puede hacer uso del mismo en cualquier momento, que controlará regularmente los accesos, el tiempo de uso y las conversaciones, tan sencillo como esto.

 

 

En bares y restaurantes, ya no vemos niños y niñas corriendo entre las mesas, riendo, persiguiéndose, gritando, en definitiva, jugando para algunos, molestando para otros, no, ya no se ven. Ahora, parece que los hijos de nuestros comensales vecinos, están bien educados, sentados en sus sillas, sin molestar, cómodamente enchufados al móvil que cuidadosamente no han olvidado sus padres, con esos contenidos llenos de impactantes imágenes y sonidos, con luchas, golpes, carreras, zombis, disparos, y los más infantiles llenos de colores, sonidos, imágenes, destellos, movimientos que los mantienen totalmente absortos de la realidad, pero eso sí, quietos, sin conversar tampoco.

 

En los colegios vemos como los niños acuden a clase consultando hasta el último momento los mensajes que, curiosamente, envían mayormente los mismos que están físicamente con ellos en el recinto, o a los que verán en breve. Lo mismo sucede a la hora de salir, pues antes de estar fuera del centro, ya están conectados, yendo hacia las salidas al tiempo que se ponen al día sobre lo sucedido. Durante las clases, como no, alguno olvida desactivar el volumen o se oye algún zumbido de aviso de entrada de mensaje, ante el que todo el grupo reacciona inmediatamente, siempre alerta, totalmente condicionados por ese sonido que nos mantiene atentos y con pronta respuesta.

 

Es costumbre que, ante las dificultades que aparecen con los cambios, surja la sensación de que “antes se vivía mejor, pues esto no pasaba” y se tienda a volver a lo conocido, a una zona de confort en la que uno se siente seguro. Van surgiendo movimientos involucionistas en todos los niveles, que pretenden volver al pasado, pero ya no es posible, la tecnología está aquí y es solo el principio, no tiene límites. Es el caso de Francia, donde las autoridades han optado por suprimir los dispositivos en los colegios para que los alumnos no se distraigan y se concentren en las clases cuando, en mi opinión, esta decisión solo hará que los docentes franceses no se sientan parte del problema, que persistirá y se agravará en la clandestinidad, pues sitúa el móvil fuera del campo educativo, dejando a los niños y a los adolescentes a merced de su autoaprendizaje, por libre, sin control.

 

 

Personalmente, considero que la tecnología no debe sacarse de los colegios, sino formar parte de su proceso educativo, que la escuela es esencial en la enseñanza del buen uso de la tecnología, para establecer, pactar, debatir, dialogar, razonar sobre la moral y la ética en el mundo digital, en definitiva, para Humanizar la Tecnología. Los equipos directivos debemos establecer tiempos y espacios para enseñar las reglas del juego, y favorecer la elaboración y aplicación de programas pedagógicos con propuestas creativas, atractivas y eficaces, para docentes, alumnos y familias, pues no podemos permitirnos una generación sin reglas ni una escuela desconectada de los intereses y de la forma de vida de esta generación, debemos conocerla y formar parte de ella.

 

El móvil sin control puede ser el arma de destrucción masiva más potente jamás creada así que, antes de que sea tarde, no ignoremos el problema, hablemos del tema, eduquemos y compartamos pues, sin exagerar, nos va en ello el futuro de la Humanidad.

 

Guillermo Lladó Valdevieso

Docente

Director del colegio Lladó

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